J.G. González

Universo "El Caminante de Arena"

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Y en el inicio de los tiempos, cuando este ni siquiera había sido creado, así comenzó todo… 

Estará llena de bosques verdes, donde los érriols guardarán los secretos de la tierra.

Yo crearé en ella los mares y ríos guardados por los luaras.

Llena de seres mágicos que rindan pleitesía a tu belleza.

Yo daré vida a criaturas poderosas que homenajearán tu grandiosa fuerza.

Te regalo la noche de este mundo para que rija tu voluntad en ella.

Yo te otorgo el día, en el cual tu sabiduría es la que ordena.

A ti, mi amado, te ofrezco la creación de los ándols, los más sabios de los seres.

En ellos pongo mi pureza y que al mirarlos reflejen mi belleza.

Les entrego la sabiduría de mi palabra y el don de conocer el alma de toda vida.

Amada mía, yo te ofrezco el nacimiento de los dragones, seres mágicos y sabios en honor a tu persona, y en ellos, pongo mi fuerza y grandeza para que inspiren tu felicidad eterna.

Te regalo dos ojos de fuego que aparezcan cada amanecer de los días,

 por los que puedas mirar tu creación inundada de vida.

Dos ojos de agua son tu regalo, que adornen el cielo de las noches de este mundo,

 para que a tu mirada, los presentes que te ofrezco, no escape ninguno…

Es llamado El poema de Egrion, y este es uno de sus fragmentos. El poema entero es mucho más extenso y está grabado, conformando las dos estatuas de Naos y Areia, situadas en las torres de Dad-Belissi, ciudad a la que pertenezco.

Este poema constituye el origen de la tierra donde moramos y el de todos los seres que la pueblan. Los dioses Naos y Areia, como muestra del amor que sentían el uno por el otro, decidieron crear un poema en el que cada cual le regalaría a la otra parte los versos que su amor fuera dictando. A medida que los recitaban, sus palabras se materializaban y se hacían visibles a la mirada del otro, dando vida a la tierra de Neria. Todos los mares y continentes recitaron, todos los ríos y lagos declamaron, todos los bosques y montañas fueron brotando de sus palabras y todos los seres que habitan en ella fueron configurándose en el vientre de la poesía.

Habiendo terminado su creación, decidieron no intervenir jamás directamente en los acontecimientos que habrían de suceder en su obra, y acordaron que la vida fluyera en ella sin intervención de ninguno de los dos. Debería mantener el equilibrio por sí misma y le otorgaron el privilegio de ser dueña de su propio destino. Para poder seguir cómo se sucedían los acontecimientos en Neria, Naos y Areia crearon unos semidioses, los Letams. Cada uno creó los suyos, los cuales se movían entre Neria y sus estancias etéreas, y a través de ellos podían observar los sucesos ocurridos, pero solamente en el momento de gobierno que cada uno poseyera, el día de Neria o su noche.

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